Maduro, un régimen de hambre

Ya son 117 días de protesta, 117 días en el que todo un país al unísono dijo basta. Ya son 117 días en el que el pueblo al tener hambre, impotencia e indignación tomó las calles como suyas y levantó su voz en nombre de la libertad, la democracia y la república.

Para nosotros es evidente por qué luchamos, todos hemos visto como cada día son más los hermanos venezolanos que hurgan la basura para llenar ese vacío en sus estómagos producto del desempleo, desabastecimiento y miseria. Síntomas de una enfermedad que tanto sufrimiento nos ha causado, una enfermedad llamada comunismo.

Es importante recalcarlo porque esta lucha será en vano a menos que entendamos el por qué llegamos aquí, y el cómo construiremos ese gran país que nuestro pueblo merece. Hace un par de semanas estuvimos en CNN Atlanta como parte de nuestros esfuerzos de llevar el mensaje del pueblo Venezolano a nivel internacional. En dicho evento escuchamos una vez más un gran mito que la matriz de opinión venezolana debe desmontar. El gran mito de que en Venezuela la caída de los precios petroleros han causado esta crisis. Nada más alejado de la realidad.

Es nuestro deber como generación de relevo, generación con la responsabilidad de sacar nuestro país adelante y generación que tendrá como reto limpiar y dignificar la política, el hablar con honestidad, claridad y firmeza sobre lo ocurrido estos últimos 18 años de deterioro social. Todas y cada una de las políticas económicas de Hugo Chávez y Nicolás Maduro han sido en contra de todos los Venezolanos que de alguna manera u otra quieren echar pa’ lante, crear puestos de trabajo y hacer de Venezuela un país de oportunidades para todos. No por la caída del petróleo, sino por esas políticas es que de cada 100 hogares Venezolanos hay 82 en pobreza y 52 en pobreza extrema.

Un país se construye de abajo hacia arriba. El verdadero progreso no se construye con un gobierno que quiera solucionar todos los problemas. El progreso se va construyendo con el trabajo en equipo, el emprendimiento y el esfuerzo de cada venezolano, cada familia, y cada comunidad por salir adelante.

Yo estudio Economía en los Estados Unidos y a pesar de día tras día estudiar duro para no solo enorgullecer a mi familia, sino también aportar conocimiento para reconstruir nuestro país, mi mayor aprendizaje de cómo hacer prosperar Venezuela viene de mi núcleo familiar y mi comunidad. Yo nací y crecí en La Rosaleda, al Este de mi Barquisimeto. Crecí en un hogar en donde mi padre trabajaba de lunes a lunes para brindarnos lo mejor a mi Mama, mi hermana y para mí. Como mi papa hay millones de venezolanos, pequeños emprendedores, agricultores, profesionales, que día tras día madrugan para abrir su pequeña bodega, farmacia, panadería y usted pare de contar. Ellos son los que me enseñaron como hacer prosperar nuestro país, y ellos han sido los que el régimen ha sistemáticamente perjudicado.

La Venezuela de hoy es una Venezuela de hambre, sufrimiento y desesperación no por la caída del petróleo, sino por las políticas económicas de estos 18 años. En Venezuela más de 1200 familias han sufrido expropiaciones del régimen resultando en una pérdida de calidad de vida, poder adquisitivo, competitividad internacional y de empleos como ningún otro país del mundo. Entre las políticas económicas desastrosas del régimen se puede destacar controles cambiarios nidos de corrupción, regulaciones que imposibilitan el emprender, controles de precio que desabastecieron Venezuela, leyes del trabajo que perjudican al joven honesto que busca formarse laboralmente, impuestos confiscatorios, controles que asfixian el crecimiento de nuestra productividad y por último, privilegios otorgados a aquellos empresarios con contactos políticos parásitos del estado.

A través de los años fui observando como familias vecinas que eran dueñas de una panadería o dueñas de un taller mecánico empobrecían y a su vez como políticos, militares y grupos económicos enchufados al régimen hacían fiestas cada vez más y más extravagantes – a diferencia del dueño de bodega que no solo brindaba empleo al joven que lo necesitaba, sino que también era solidario con la comunidad. Los enchufados comen a costillas de desfalcar las arcas públicas de una nación con un ingreso petrolero record en estos 18 años, un ingreso con el que pudimos haber erradicado de una vez por todas la pobreza presente en cada uno de los 335 municipios de nuestro país.

Concluyo mi artículo de hoy explicando el para quien está escrito, está escrito para los millones de Venezolanos que el régimen pisoteó. Para transmitirles que entendemos los errores cometidos por generaciones pasadas, y para jurarles que mi generación no descansará hasta devolverles todo lo que este régimen les ha arrebatado.

 

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